Mexofobia: migrantes, aguacates y la enfermedad ‘americana’

Por José Carlos G. Aguiar

Ha pasado ya un mes desde la toma de posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. No sólo millones de estadunidenses, sino el mundo entero, ha observado con sorpresa, angustia, rabia, tristeza y dolor el derrumbe de la legitimidad de la Casa Blanca. Mientras la supremacía anglo-cristiana y el autoritarismo se instauran como el nuevo modus operandi del sistema político, ningún otro país ha sido tan apabullado hasta ahora como México.

El incipiente gobierno de Trump ha trastocado cada una de las dimensiones de la simbiótica relación entre México y los EEUU. Desde la campaña presidencial e inmediatamente después de su inauguración, el gobierno de Trump ha afectado el comercio, inversiones, intercambio científico y cultural, política migratoria y muy particularmente el discurso “legítimo” que circula en los EEUU sobre México y los mexicanos. Trump ha liberado los demonios y las fobias de la ideología imperialista yankee. El “angry white man” (hombre blanco enojado) que ha puesto al millonario en la Oficina Oval tiene una enfermedad: mexofobia.

El discurso de Trump promueve una fobia hacia México: se representa como moralmente inferior, una nación definida por la ilegalidad, violencia y crimen, con “algunos” buenos ciudadanos. El propuesto muro entre los dos países materializa esta aversión. Fobia hacia la lengua, hacia la cultura, hacia la fuerza laboral de los mexicanos. En su momento, el ex-presidente Fox sostuvo que los mexicanos hacen el trabajo que “ni los negros quieren hacer”; esta afirmación racista contiene una verdad: los mexicanos son los nuevos “negros” de los EEUU.

The Guacamole War

El aguacate se ha mundializado gracias al guacamole. Durante el pasado Super Bowl a principios de febrero, se hizo visible que ha iniciado una guerra comercial entre los dos países, a tan sólo a unos días del cambio de poder en Washington. La final del fútbol americano marca la temporada más alta de consumo de guacamole en los EEUU. México es el mayor exportador de aguacate del mundo, proveyendo aproximadamente 80% del mercado estadounidense.

Desde su campaña, e inmediatamente luego de la toma de poder, Trump anunció una renegociación del TLC con México. De manera casi inmediata, a finales de enero, comenzaron a detenerse en la frontera tráilers mexicanos con aguacates, impidiendo su entrada a los EEUU. A su vez, el gobierno mexicano se pronunció por la “diversificación” del mercado y la intensificación de las exportaciones a Japón y Canadá. Así, esta guerra del guacamole sintetiza el primer choque comercial entre los dos países.

De frente a la agresividad y fobia de la administración de Trump, la respuesta del gobierno mexicano ha sido ineficiente. Como Trump, Peña Nieto es un anti-intelectual y cree que el conocimiento, la experiencia y el profesionalismo no tienen valor. Por eso nombró a Luis Videgaray como secretario de Relaciones Exteriores, quien nunca antes trabajó en la cancillería y vino en sus propias palabras a “aprender”. El secretario, como el presidente, sólo pueden repetir el discurso priísta demagogo demandando dignidad y respeto. Su estrategia no funciona; incluso se especula que están negociando ‘en lo oscurito’ la construcción del muro.

Ganadores y perdedores

Mientras que el TLC en México ha transformado el mercado interno y los hábitos de consumo de los mexicanos, también ha significado más desigualdad y exclusión, menos empleo y la explotación aniquiladora no sólo de personas, sino también de los recursos naturales del país. Por su parte, Trump parece haber convencido a los EEUU de que los mexicanos son los ganadores con este acuerdo.

Pero también los gobiernos “del cambio” fueron perdedores. En su momento, Fox prometió una “enchilada completa” (es decir, que México las iba a ganar todas) para la reforma migratoria en los EEUU. Ni siquiera llegó a totopo. Calderón, a su vez, no pudo sacar a México del olvido. En su lugar Trump está ahora preparando redadas y deportaciones masivas de mexicanos indocumentados, incluyendo a los “dreamers”: (los jóvenes que crecieron y estudian en los EEUU y en realidad no tienen una conexión con México). Hoy en día, los mexicanos que radican sin documentos en los EEUU viven con miedo, se recluyen en sus casas, mientras los campos y las industrias requieren de esta mano de obra para seguir funcionando.

La diplomacia mexicana no puede permitirse más pérdidas. No sólo la economía está en juego, sino con ella la estabilidad que le queda a México y la vida de unos 6 millones de mexicanos indocumentados en los EEUU. La magnitud del desastre humanitario en la frontera entre Mexico y EEUU es desconocida, y ya se comienza a barajar la instalación de campos para refugiados, para resguardar a las personas que desde el Caribe o América del Sur, intentan ingresar a los EEUU a través de México.

Epílogo: la muerte en la garita de Tijuana

La imagen más escalofriante a la fecha de la mexofobia estadounidense tuvo lugar ayer. Aparentemente sin esperanza, un hombre de unos 40 años y originario de Sinaloa se arrojó desde un puente en Tijuana, luego de que fuera deportado por los EEUU. Los medios locales publicaron imágenes de un hombre moreno de apariencia sencilla, vistiendo una sudadera café oscuro, pants y tenis negros. Junto al cuerpo ya inmóvil luego de la mortal caída, se encontraba una bolsa zip-lock con algunos papeles y todas sus pertenencias: un par de objetos personales.

La tristeza es indescriptible cuando una vida humana termina de tal forma. ¿Cómo se puede uno imaginar qué sintió este hombre mientras fue detenido por la migra? El miedo que debió de haber tenido durante la revisión y el proceso de deportación. La tristeza al pasar por la frontera y cruzar el puente, para luego decidir que era mejor morir que regresar a Sinaloa.

Es escalofriante pensar que estos casos de deportaciones y desgracias personales serán parte del día a día durante los próximos años. Pero es todavía peor pensar que nos acostumbraremos a ver estas tragedias. Mexicanos cuya vida como indocumentados es desechable, irrelevante. Hombres y mujeres removidos de toda dignidad y derechos por no tener un documento. El mundo tiene que dirigir en este momento su mirada a la frontera entre México y EEUU; que la mexofobia no se normalice nunca.

 

Nota Original: Aristegui Noticias

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